Oro blanco: qué es en realidad y cuánto te van a pagar por él
El oro blanco no es un metal distinto ni vale menos por ser blanco: es oro con aleación y un baño de rodio. Qué mira el tasador, por qué amarillea con los años y qué esperar al venderlo.
Empecemos por deshacer el malentendido
«¿El oro blanco vale menos?» Es de las preguntas más repetidas en el mostrador, y la respuesta es que no: el oro blanco de 18 quilates tiene exactamente el mismo oro que el amarillo de 18 quilates. Un 75 %, en los dos casos.
El color no lo pone el oro. Lo pone lo que se le añade.
Qué es realmente el oro blanco
El oro puro es amarillo, siempre. Para hacer joyería hay que alearlo con otros metales, porque puro es demasiado blando. Lo que cambia el color es qué metales entran en esa aleación:
Oro amarillo: se alea con cobre y plata, y mantiene el tono dorado.
Oro blanco: se alea con paladio, níquel o plata, que blanquean el color.
Oro rosa: lleva más cobre, que tira a rojizo.
En los tres casos, si el punzón dice 750, hay un 75 % de oro. Si dice 585, un 58,5 %. La ley es la ley, y es lo que se paga.
El baño de rodio, que es lo que ves
Casi todas las joyas de oro blanco llevan además una capa de rodio, un metal de la familia del platino, muy blanco y muy brillante. Es lo que les da ese aspecto de espejo tan característico.
Esa capa es finísima y se desgasta con el uso. Por eso a los pocos años los anillos de oro blanco empiezan a amarillear por los bordes: no es que el oro se estropee, es que asoma el color real de la aleación que hay debajo. En joyería se soluciona rebañando la pieza, que es un servicio barato.
Al vender al peso, el rodio no cuenta. La capa es microscópica y se pierde en la fundición. Que tu anillo esté amarilleando no baja ni un céntimo lo que te van a pagar.
Entonces, ¿cuánto te pagan?
Lo mismo que por oro amarillo de la misma ley y el mismo peso. La cuenta es idéntica: peso × porcentaje de oro según la ley × precio del gramo del día, menos el margen del negocio.
Con el punzón y el peso, la calculadora de oro te da la referencia. No cambia nada por ser blanco.
Dos matices que sí pueden mover el precio
El paladio de la aleación
Las aleaciones buenas de oro blanco llevan paladio, que es un metal caro por sí mismo. En lotes grandes y en refinerías eso puede reconocerse en el precio. En una venta doméstica de unos gramos, normalmente no se traduce en nada: se paga por el oro.
Las piedras
Y aquí sí hay que prestar atención. El oro blanco se usa muchísimo en anillos de compromiso y en piezas con brillantes, porque el contraste favorece a la piedra.
Cuando se compra al peso, las piedras no se pagan. Se descuentan del peso o se retiran. Si tu pieza lleva un diamante de tamaño apreciable, con certificado o sin él, tienes que separarla del montón y preguntar por ella aparte. Puede valer mucho más como joya que como gramos de metal, y es el error más caro que se comete con el oro blanco.
No lo confundas con estos otros
Plata. Lleva punzón 925 y su valor por gramo es muy inferior. Mucha gente cree tener oro blanco y tiene plata.
Platino. Punzón 950 o «PT». Es otro metal, más denso y normalmente más caro que el oro. Si tu pieza pesa sospechosamente para su tamaño, mira bien la marca.
Acero o chapados. Marcas como «GP» o «GF» indican baño o lámina sobre otro metal. Su valor como metal es prácticamente nulo.
La duda se resuelve en el establecimiento en un minuto con la piedra de toque o el analizador de rayos X, y la prueba es gratuita.
Antes de vender
Busca el punzón en la cara interna del aro o en el cierre: 750, 585 o 375.
Separa por ley, y no mezcles el oro blanco con la plata en el mismo montón.
Aparta lo que lleve piedras de tamaño y pregunta por ello aparte.
Pide dos o tres tasaciones: son gratuitas y no comprometen.
En el listado de ciudades tienes los establecimientos de tu zona, con sus horarios y lo que cuentan quienes ya han vendido allí.